Recordar para no repetir: las heridas del terrorismo en el Perú

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El perjuicio al Estado habría sido similar al impacto de 20 Niños costeros, según Juan Mendoza.

Abimael Guzmán (USI)

El tiempo ayuda a curar las heridas, pero, lamentablemente, también puede hacer olvidar la historia. Hoy, 12 de setiembre, es indispensable recordar que hace 25 años se produjo la captura del cabecilla terrorista más sanguinario del Perú, Abimael Guzmán Reynoso.

Desde 1980, Sendero Luminoso (SL) perpetró crímenes en varios departamentos de nuestro país, lo que generó muertes y cuantiosos daños materiales, hasta que el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) desbarató a su cúpula a través de la Operación Victoria, en la que se detiene a Guzmán en la casa de Surquillo de los terroristas Maritza Garrido Lecca y Carlos Incháustegui Degola.

La hazaña policial ha merecido que los 87 miembros de este cuerpo de élite sean reconocidos como héroes de la democracia. No es para menos, impidieron que la cifra de 69,280 personas muertas por la violencia (según estimó la CVR) siga en aumento. Frustraron asesinatos, atentados, coches-bomba, explosiones de torres de alta tensión… En conclusión, detuvieron el baño de sangre y terror en el que estábamos inmersos.

Abimael Guzmán sigue preso en la Base Naval del Callao y lo estará de por vida, pues fue condenado a cadena perpetua. Sin embargo, continúa dirigiendo organismos de fachada como el Movadef.

Sangre y dolor

Durante la época de terror de SL, cuantiosas familias de militares sufrieron pérdidas. Una de ellas fue la de Yrma Castro, casada con el capitán EP Hermenegildo Hurtado León, quien, en 1984, estaba destacado en Huanta, Ayacucho.

El 7 de diciembre de aquel fatídico año, Hurtado sufrió una emboscada a las 5:30 a.m. Dejó a su esposa embarazada de su segundo hijo.

“Mi experiencia fue terrible. Para nosotros, ha sido un dolor muy fuerte. Mi hija, que hoy tiene 32 años, nunca pudo conocer a su padre”, cuenta Yrma Castro a Perú21.

Junto con 25 familias, ha formado la Asociación de Viudas de Oficiales del Ejército Peruano en Acción de Armas. Comenta que, sin embargo, son “más de 2 mil familias afectadas en el Ejército, sin contar las familias de policías, marinos y miembros de la Fuerza Aérea”.

Lamenta que las indemnizaciones que el Estado les ofreció hayan sido menores que las que recibieron las familias de los terroristas. Dice que la reivindicación hacia los efectivos que entregaron sus vidas aún no es total.
Yrma Castro, con esperanza, pide que los colegios informen a los estudiantes sobre la época del terrorismo. “A veces los jóvenes son influidos por personas que no les hacen bien”, culmina.

Cifras de horror

El economista Juan Mendoza, consultado por Perú21, estima que el impacto de la sangrienta guerra que emprendió Sendero contra el Estado peruano habría significado US$100 mil millones en pérdidas, y tuvo una afectación similar a lo destruido por 20 Niños costeros.

“Si sumas la infraestructura destruida, la producción que se perdió, trayendo esto a cifras actuales, y si tenemos que el terrorismo redujo la tasa del crecimiento de la economía en 0.5% al año, lo cual es conservador, hablamos de una cifra no menor a US$100 mil millones. En términos equivalentes, 50% del PBI del Perú hoy en día. Es como haber tenido 20 Niños costeros consecutivos”, asegura. Para no repetir.

Atentados

– Chuschi, Ayacucho, 1980. SL quema 11 ánforas electorales.

– Lucanamarca, Ayacucho, 1983. Asesinan a 69 comuneros.

– Soras, Ayacucho, 1984. SL asesinó a 117 campesinos.

– Asesinato de María Elena Moyano, 1992. Terroristas mataron a dirigente y dinamitaron su cuerpo.

– Miraflores, Lima, 1992.

– Coche-bomba en la calle Tarata. Hubo 25 muertos.

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